martes, 30 de marzo de 2010

Los valores nuevos

Los valores nuevosPor la puerta entreabierta, desde el otro lado de la habitación, se escuchaba la voz de la madre de Rodrigo diciendo al teléfono: me preocupa este muchacho, se la pasa leyendo todo el día. ¡No entiendo ese vicio por leer… a sus 22 años! Casi no habla con nadie, sus únicas salidas son a la universidad…

Sin dar mayor importancia a esos comentarios, Rodrigo, como siempre, deambulaba por la casa meditabundo, solitario, viviendo sus sueños callados. Recordaba con frecuencia algo que había leído hacía algún tiempo: “Es curioso notar que quien más habla es quien menos tiene qué decir…”

Días antes, Nietzche le había revelado también: “El mundo no gira alrededor de los inventores de estruendos nuevos, sino alrededor de los inventores de valores nuevos: gira sin ruido…”

Cierto -reflexionaba Rodrigo- de qué sirve gritar, si gritar es cosa de locos. Grita aquél quien, en medio del terrible pánico a la soledad y al enfrentamiento de sí mismo, siente que se hunde y se pierde, desfallece y sucumbe en una marejada de confusiones.

Grita el que no ha encontrado la fuente verdadera de su fuerza en el interior de sí mismo. Grita el que quiere dejar constancia de su paso en esta Tierra. Grita el que busca dejar huella, bordando sin saberlo, tan sólo cenizas en el viento.

Aquél que ya ha encontrado su camino y lucha por seguir en él, se guarda muy bien de no gritar. Calla porque el callar es su reconocimiento de la humana individualidad. Ya no necesita gritar para que los demás vengan a darle fuerza. Calla y comprende que cada quien ha de ir tirando de su carreta, de su propia historia, sin mayores aspavientos.

Calla al comprender la futilidad de todo ese griterío. Calla porque ha superado el sentido de posesión de las cosas, y hasta de su mismo cuerpo en el que habita y con el que se representa mientras vive esta supuesta realidad.

Ese hombre calla porque ha encontrado un infinito caudal de sabiduría: se ha encontrado consigo mismo comunicándose con su propio yo. Entonces el tiempo transcurre sin sentir y el pensamiento llega a tal profundidad, que el espíritu se regocija y ya no necesita salir de casa para estar en paz, dentro de ella se tiene todo…

Así meditaba Rodrigo, deseando poder decir a quienes deliberaban acerca de su inexplicable encierro, que le dejaran ser. Que si para ser felices algunos necesitan del barullo y la algarabía, otros logran serlo en el silencio, inventando su universo sin estridencias… girando sin ruido… con valores nuevos.

Elvira G.

® Derechos Reservados.

2 comentarios:

Copelia Reyes dijo...

Querida Elviry,

Tus palabras llenas de luz siempre iluminan mi camino. Cuando leo estas sabias reflexiones en la mañana, las llevo conmigo todo el día, cuando las leo en la noche, las llevo en mi mente y durante el sueño hacen su trabajo...

Gracias, Copelia.

Elvira G. dijo...

Coppelita, más vale tarde que nunca! Hasta hoy respondo a tu mensaje. Agradezco el que me hagas sentir que a mis palabras no se las lleva el viento... Un abrazo!
Elvira.