miércoles, 24 de diciembre de 2014

Tu reconocimiento: ¡envuélvelo con un abrazo!

Tu reconocimiento: ¡envuélvelo con un abrazo!El calendario dice que nuevamente llegó la Navidad. Hay quienes se obstinan en no creerlo, pero me parece que el hecho de que vamos hacia vivir en “el eterno presente” se acelera cada día más. Cada vez sentimos menos “la laaargueza del tiempo” con sus antes y sus después, sus ayeres y sus mañanas. Parece ser que hoy en día todas las vivencias nos llegan como “flashazos” que se suceden sin asimilarlos mayormente. Y por ello es que estamos ya ¡de nuevo en Navidad!!!”

Las tiendas se abarrotan, el tráfico se imposibilita en las calles y, por lo general, los seres aún corren y se inquietan por estar a tiempo con todos sus regalos para la Nochebuena. Buscan y rebuscan en su mente… y algunos luego en sus bolsillos, para considerar las posibilidades de qué comprar.

Desafortunadamente, y por lo general, se piensa en obsequios materiales que han de comprarse con la moneda de cambio en este plano tridimensional: el dinero. Y dependiendo de nuestras posibilidades, los regalos serán “de marca”, lo último de la moda, o un objeto por demás llamativo y deslumbrante. Casi pareciera que hay quienes pretenden “lucirse” con sus obsequios.

¿Será, me digo, “la cruda moral” de quien espera disimular el descuido y desinterés mostrado hacia sus seres queridos durante todo el año y que ahora, aprovechando la ocasión, quiere compensar con un detalle “fuera de serie”?

Sin embargo, eso no son más que “obsequios materiales” que no cuestan sino unos cuantos billetes y el tiempo de ir a adquirirlos. Existe por ahí una clase de “obsequio” que parece olvidarse muy a menudo: el aprecio, el reconocimiento por lo que hacen los demás.

Una palmadita en el hombro, un comentario sobre algo positivo que haya logrado alguien más, un elogio sincero, por pequeño que parezca, es una señal de reconocimiento, aliciente y amor para quien lo recibe.

Alguna vez escuché que la necesidad básica de todo ser humano, es el reconocimiento. Se ha comprobado que un gran porcentaje de los vagabundos y pordioseros en las calles, son seres a quienes se les reconoció poco su valía, lo que contribuyó a que su autoestima bajara aún más… De ahí, al deambular por la existencia sintiéndose perdidos, y que a nadie en el mundo le importan, sólo hubo un paso.

En la vorágine de la vida que llevamos, sobre todo en las grandes ciudades, qué cotidiano resulta el escuchar frases como: “ya llegué mi amor.. ya me voy, mi amor” ¡hola, campeón, ¿qué tal la escuela?...¡cuídate, nos vemos por la noche!... ah, sí, interesante tu dibujo… ¡al rato lo veo con detenimiento, ahora debo irme!!!

Los “grandes ejecutivos” hoy en día, hombres y mujeres, se la pasan trabajando tanto, con escritorios llenos de papeles y documentos importantes acumulados en torres inmensas, que muchas veces les impiden ni siquiera ver hacia delante para advertir la luz del día. No quitan la vista del computador. Y corren y se afanan. Y nunca tienen tiempo casi ni de respirar. Clásico que cuando llega Navidad corren a último minuto a comprar “lo que sea” con tal de salir del paso. Eso sí, se preocupan porque la envoltura sea de lo más impresionante.

Pero el resto no sólo del día, sino de la semana, de los meses y de todo el año, poco estuvieron ahí “presentes” para decir en el momento justo: “¡felicidades, hijo, por tu sobresaliente en el examen!”… o “¡hija, que linda te ves con ese color de vestido!...” o a su mujer: “¡mi amor, hoy mi platillo favorito te quedó mejor que nunca!”…

No, todo lo damos por hecho, parece que quienes nos rodearan fueran fantasmas, seres invisibles cuyos actos cotidianos no importan mayormente.

Necesitamos sensibilizarnos más y olvidarnos de las envolturas, las apariencias, los brillos y los adornos. El mejor regalo para esta Navidad es que abras los ojos, los sentidos y el corazón, y observes a todos y cada uno de tus seres queridos, les reconozcas todas sus virtudes y cualidades, ¡y se las celebres!

Cuántas veces quienes se dedican a las artes -actividades no muy lucrativas, consideradas muchas veces sin importancia para la sociedad-, son reconocidos más bien por extraños. Ahí encaja perfecta la frase “nadie es profeta en su propia tierra”. Porque todo mundo puede admirar los dibujos, la pintura, el poema o la nueva composición musical de un creador, ¡menos su propia familia!

Por fortuna, la riqueza del alma del artista le lleva a sumergirse en su mundo y surcar sus propios mares de tranquilidad y fortaleza internas. Pero resulta patético que en su propio entorno familiar, nadie le reconozca.

Seguramente en tu familia hay seres humanos sensibles y maravillosos: voltea a verlos, reconóceles sus logros, sus cualidades. Sin que te cueste nada, mas que abrir tu corazón, ahí la tienes: la verdadera prueba de afecto. ¡Díla... y envuélvela con un abrazo!

Elvira G.

viernes, 19 de septiembre de 2014

La Gran Invocación





Desde el punto de Luz en la Mente de Dios
Que afluya luz a las mentes de los hombres.
Que la Luz descienda a la Tierra.


Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios
Que afluya amor a los corazones de los hombres.
Que Cristo retorne a la Tierra.


Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres,
El propósito que los Maestros conocen y sirven.


Desde el centro que llamamos la raza de los hombres
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.


La Gran Invocación fue dada por el Maestro Djwhal Khul a través de Alice Bailey en 1945, y la versión tradicional utiliza el lenguaje aceptado en la época.

Fuente: www.esotericstudies.net

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El último Regalo



Un rico heredero debe de pasar por toda una serie de vicisitudes para recibir al fin esa cuantiosa herencia a la que se sentía acreedor, y que tanto anhelaba. Si al principio dichas pruebas le parecieron las tareas más humillantes y denigrantes que pudiera vivir, poco a poco esas vivencias le fueron transformando hasta descubrir que dentro de sí mismo había otra suerte de “riquezas” que sólo se encuentran cuando se vive para compartir con los demás. Esta es una película de valores, los verdaderos, los que retratan más la calidad que la cantidad con la que suele medirse este mundo material. Totalmente recomendable.

El último Regalo: 1:57:12

martes, 16 de septiembre de 2014

Soy tu "Síntoma"



Hola! Yo tengo muchos nombres: dolor de rodilla, dolor de estómago, reumatismo, asma, gripe, dolor de espalda, ciática, cáncer, depresión, migraña, tos, reflujo, dolor de garganta, insuficiencia renal, diabetes, hemorroides, y la lista sigue y sigue...

Me he ofrecido como voluntario para el peor trabajo posible: ser el portador de noticias poco gratas para ti.
Tú no me comprendes, nadie me comprende. Tú piensas que quiero fastidiarte, echar a perder tus planes de vida, todos piensan que quiero entorpecerles, hacerles daño o limitarles. 

Y no, eso sería un un completo disparate. Yo, el síntoma, simplemente intento hablarte en un lenguaje que comprendas. Que entiendas.

A ver, dime algo, ¿tú irías a negociar con terroristas, tocando a su puerta con una flor en la mano y una camiseta con el símbolo de "paz" impreso en la espalda? ¿No verdad?

Entonces, ¿por qué no comprendes que yo, el síntoma, no puedo ser "sutil" y "suavecito" cuando debo darte el mensaje. Me golpeas, me odias, con todo el mundo te quejas de mi, de mi presencia en tu cuerpo, pero no te tomas ni un segundo en razonar y tratar de comprender el motivo de mi presencia en tu cuerpo.

Sólo te escucho decirme: "Cállate", "vete", "te odio", "maldita la hora en que apareciste", y mil frases que me hacen impotente para hacerte comprender. Pero yo debo mantenerme firme y constante, porque debo hacerte entender el mensaje.

¿Qué haces tú? Me mandas a dormir con medicinas. Me mandas callar con tranquilizantes, me suplicas desaparecer con anti-inflamatorios, me quieres borrar con quimioterapias. Intentas día con día, taparme, sellarme, callarme. Y me sorprende ver que a veces, hasta prefieres consultar brujas y adivinos para que de forma "mágica" yo me vaya de tu cuerpo.

Y yo, cuando mi única intención es darte un mensaje, soy totalmente ignorado. Imagínate que soy esa alarma con sirena en el Titanic, esa que intenta de mil formas decirte que de frente hay un Iceberg con el que vas chocar y hundirte. Sueno y sueno por horas, por días, por semanas, por meses, por años, intentando salvar tu vida, y tú te quejas porque no te dejo dormir, porque no te dejo caminar, porque no te dejo trabajar, pero sigues sin escucharme...

¿Vas comprendiendo?? Para ti, yo el síntoma, soy "La Enfermedad". Qué cosa más absurda. No confundas las cosas. Y vas al médico, y pagas por docenas de consultas médicas. Gastas dinero que no tienes en medicamento tras medicamento. Y sólo para callarme.Yo no soy la enfermedad, soy el síntoma. ¿Por qué me callas, cuando soy la única alarma que está intentando salvarte?

La enfermedad, "eres tú", "es tu estilo de vida", "son tus emociones contenidas", eso sí es la enfermedad. Y ningún médico aquí en el planeta tierra, sabe cómo combatir enfermedades. Lo único que hacen es combatirme, combatir el síntoma. Callarme, silenciarme, desaparecerme. Ponerme un maquillaje invisible para que tú no me veas.

Y sí, está bien si ahora que lees esto, te sientes un poco molesto sí. Esto debe ser algo como un "golpazo a tu inteligencia". Está bien si por ahora te sientes un poco molesto o frustrado. Pero yo puedo manejar tus procesos bastante bien y los entiendo. De hecho, es parte de mi trabajo, no te preocupes.

La buena noticia es que depende de ti no necesitarme más. Depende totalmente de ti, analizar lo que trato de decirte, lo que trato de prevenir. Cuando yo, "el síntoma", aparezco en tu vida, no es para saludarte, no. Es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo, debe ser analizada y resuelta para no enfermarte.

Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: "por qué apareció este síntoma en mi vida", "qué querrá decirme" ? ¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora? ¿Qué debo cambiar en mí para ya no necesitar de este síntoma? Si dejas este trabajo de investigación, sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que has hecho años atrás.

Debes consultar también con tu inconsciente, con tu corazón, con tus emociones. Por favor, cuando yo aparezca en tu cuerpo, antes de correr al doctor para que me duerma, analiza lo que trato de decirte, de verdad que por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo.
Y entre más rápido hagas conciencia del por qué de mi aparición en tu cuerpo, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir. Al mismo tiempo que logres ese equilibrio y perfección como "analizador" de tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia, te garantizo que jamás volverás a consultar a un médico ni a comprar medicinas.

Por favor, déjame sin trabajo. O piensas de verdad que yo disfruto lo que hago? Te invito a que reflexiones, cada que me veas aparecer, el motivo de mi visita. Te invito, a que dejes de presumirme con tus amigos y familia como si yo fuera un trofeo.

Estoy harto de que digas: "Ay pues yo sigo con mi diabetes, ya ves que soy diabético".
"Ay pues ya no aguanto el dolor en mis rodillas, ya no puedo caminar". "Siempre yo con mi migrañas". Me presumes como si yo fuera un tesoro del cual no piensas desprenderte jamás.

Mi trabajo es vergonzoso. Y te debería dar vergüenza presumirme ante los demás. Cada que me presumes, realmente estás diciendo: "Miren que débil soy, no soy capaz de analizar ni comprender mi propio cuerpo y mis propias emociones, no vivo en coherencia, mírenme, mírenme! "

Por favor, haz conciencia, reflexiona y actúa.
Entre más pronto lo hagas, más rápido me iré de tu vida!

Atentamente,
El Síntoma.

(Anónimo). 
Fuente: FB Confederación Galáctica Española

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ideal y Misión de Vida



Por Roberto Pérez

¿Estás  bien plantado en la vida? ¿Sabes quién eres? ¿Para qué estás aquí? ¿Hacia dónde vas? Premisas básicas para estar “bien plantado” en la vida, de acuerdo al pensamiento de Roberto Pérez, enorme ser humano y gran motivador de multitudes. Permite que te guíe de una manera sencilla y por demás emotiva, a descubrir la manera de “tocar tu propia música”… la razón u objetivo exactos para los que has llegado a este mundo.

Video-conferencia que no te puedes perder si lo que buscas es lograr interpretar la mejor de las melodías con ese sagrado instrumento que Dios y el Universo te han otorgado: tu singular experiencia de vida, dentro de un vehículo físico único e irrepetible.

Aquí te dejo con este sabio y sensible maestro.


 "Ideal y Misión de Vida” – Roberto Pérez  (1:44:48)

jueves, 11 de septiembre de 2014

Fluir... no juzgar



Por Mabel Katz

Hay una historia que cuenta que en una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes le envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco.

Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo pero el hombre decía: “Para mí él no es un caballo; es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?” Era un hombre pobre, pero nunca vendió a su caballo. Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo: “Viejo tonto. Sabíamos que algún día te robarían el caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!”

“No vayamos tan lejos”, dijo el anciano. “Simplemente digamos que el caballo no está en el establo. Éste es el hecho. Todo lo demás es vuestro juicio. Si es una desgracia o una suerte yo no lo sé, porque esto es apenas un fragmento. ¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?”

La gente se rió de él. Siempre habían creído que el anciano estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado sino que se había escapado. Y no sólo eso, sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes. De nuevo se reunió la gente diciendo: “Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte”.

“De nuevo estáis yendo demasiado lejos”, dijo el anciano. “Decid sólo que el caballo ha vuelto. ¿Quién sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Estáis leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo podéis juzgar el libro entero?”

Esta vez la gente no pudo decir nada más, pero por dentro sabían que él estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos.

El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió las dos piernas. La gente volvió a reunirse y a juzgar. 

“De nuevo tuviste razón”, dijeron. Era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de sus piernas y, a tu edad, él era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca”.

“Estáis obsesionados con juzgar”, dijo el anciano. “No vayáis tan lejos. Sólo decid que mi hijo se ha roto las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos, y nunca se nos da más que esto”.

Sucedió que, pocas semanas después, el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo fueron llevados al ejército. Sólo se salvó el hijo del anciano porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volverían.

“Tenías razón viejo. Era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre”.

“Seguís juzgando”, dijo el viejo. Nadie sabe. Sólo decid que vuestros hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado. Sólo Dios sabe si es una desgracia o una suerte que así suceda”.

En cuanto formamos una opinión o un juicio, nos estancamos; nos esclavizamos. Nada es lo que realmente parece. El intelecto no puede saber. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Todos banqueros



 Por Koldo Aldai

En la bandeja del "check point" depositará religiosamente su "Rolex", también las tarjetas de oro que no operan en la geografía sin bancos, ni dinero. A la entrada del más allá no hay tratamiento VIP para los banqueros. Al otro lado del velo, el primer financiero español habrá de prescindir de zapatos, joyas y corbata. Se despojará al igual que nosotros de la vestimenta de carne y avanzará, desnuda el alma, hacia la luz que a él también le aguarda. A todos nos espera una gloria que jamás se canjeará con moneda de este mundo. "No nos llevamos ni un céntimo al más allá" pregonaba a menudo Conny Méndez, la moderna profetisa de los pobres de América Latina.

La muerte no nos iguala a todos. Cada uno lleva su cartera única e intransferible, sus acciones que no cotizan en ninguna bolsa de este mundo, sus bonos conquistados en gestos y acciones en favor del otro. Vivimos obviando la futilidad de la materia, como si los bienes de este signo que reunimos lo fueran para la eternidad. Raramente nos detenemos a observar la fecha de caducidad de lo que acumulamos. En nuestro interior, el eco de esa eternidad no ha acallado aún el tintineo del dinero. Voceamos "estar de paso", pero en realidad echamos en falta unas manos más grandes capaces de acaparar más. Sean otros, poetas y chiflados quienes achiquen la mochila y marchen ligeros de riquezas y equipaje...

Seguramente desde la otra orilla de la realidad, los banqueros que fueron nos invitan a amasar otra suerte de fortuna que no se referencia ni con el "Ibex", ni con el "Nasdaq", sino con nuestro nivel de verdadero amor. Nos sugieren invertir en un "parquet" en el que sólo cotiza el genuino altruismo, en unas "preferentes" cuyos últimos beneficiarios somos nosotros mismos.

Todo el dinero no serviría para reparar el órgano averiado. Calla también una soleada mañana de Septiembre el corazón del más acaudalado. Torne el recelo con respecto a los ricos, reflexión sobre nuestra relación con los bienes y riquezas. ¿En qué pensamos al imaginarnos con dinero? ¿No criticaremos una ambición, cuyas raíces igualmente proliferan por dentro? ¿Qué sería de esa abundancia en nuestras manos, de esa fortuna con nuestro nombre estampado?

Dicen que los roles y los "Rolex", van turnando, que el vasallo un día también noble. ¿En vez de criticar tanto al otro "afortunado", por qué no prepararnos, por qué no ensayarnos cada día un poco más en el dar y servir, para cuando llegue nuestro turno más privilegiado? Todos podemos ser aquí y ahora banqueros, erigirnos en entidad que se prolifera en caricia, ternura, generosidad, compasión… Todos podemos ser un poco Botín a nuestra manera, acumulando las riquezas que jamás, jamás marchitan.

Artaza 10 de Septiembre de 2014

domingo, 3 de agosto de 2014

A Obama, Carta de Médico en Gaza

Siempre he dicho que mi política es no entrar en política... Sin embargo, y después de varios meses de ausencia en la actividad de este blog, las circunstancias de estos últimos días me hacen romper el silencio ante la situación que estamos viviendo actualmente con tanto conflicto bélico, especialmente en la Franja de Gaza.


Estando en la "búsqueda espiritual" tendemos a pensar que el simple hablar sobre un conflicto o poner nuestra atención en él, es alentarlo. Sin embargo acabo de leer esto en Facebook: "A veces, lavándonos las manos, nos ensuciamos la consciencia". Tal vez estando incluso del otro lado del mundo pensemos que no podemos hacer nada al respecto del conflicto Palestina/Israel.

Sin embargo, sabiendo que somos seres energéticos y que nuestros pensamientos y buenas vibraciones pueden cambiar nuestro entorno, les comparto esta estremecedora Carta a Obama, de un Médico en un hospital de Gaza. Súplica desgarradora a la que, estoy segura,  todos podemos ayudar con oraciones. Dios les bendiga,  Dios bendiga a Gaza y  al mundo!
Elvira G.


Mads Gilbert, un cirujano noruego de 67 años que opera voluntariamente en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Shifa en Gaza, le invitó en una carta al presidente estadounidense, Barack Obama, a pasar una noche en el hospital de Shifa.

“Estimado Obama, ¿Tiene usted un corazón? Le invito a pasar una noche, sólo una noche, en el hospital de Shifa”

Gilbert, que le dirigió la pregunta a Obama, anunció al mundo las condiciones en Gaza mediante una carta.

“Nadie con un corazón y poder podría alejarse y dar la espalda a lo que se vive en el hospital en Shifa sin tomar la decisión de poner fin a la masacre del pueblo palestino”.

Queridos amigos y amigas:
La noche pasada fue extrema.
La “invasión terrestre” de Gaza resultó en decenas de furgones con palestinos y palestinas con todo tipo de heridas, mutilados, destrozados, desangrándose, temblando; de todas las edades, todos civiles, todos inocentes.

Los héroes en las ambulancias y en todos los hospitales de Gaza están trabajando turnos de 12 y 24 horas, grises por el cansancio y la carga inhumana de trabajo (sin haber recibido ningún pago en Shifa en los últimos cuatro meses).

Ellos atienden, derivan, tratan de entender el incomprensible caos de cuerpos, de tamaños, de miembros, de seres humanos que caminan, o no pueden caminar, que respiran, que no pueden respirar, que se están desangrando, y que no se desangran. ¡SERES HUMANOS!

Hoy, una vez más tratados como animales por “el ejército más moral del mundo” (sic).
Mi respeto por los heridos es infinito, en su sobria determinación en medio del dolor, la agonía y el shock .

Mi admiración por el personal y los voluntarios es infinita también.
Mi cercanía al sumud palestino me da fuerzas, aunque por momentos solo quiero gritar, abrazar fuerte a alguien, llorar, oler la piel y el cabello cálido de un niño cubierto de sangre, protegernos a nosotros mismos en un abrazo sin fin…

Pero no nos podemos permitir eso, y ellos tampoco.
Caras cenicientas… ¡Oh, no! No más cargas de decenas de mutilados y sangrantes… todavía tenemos lagos de sangre en el suelo en la sala de emergencias, pilas de vendas empapadas en sangre para limpiar…

Oh, los limpiadores… en todas partes, quitando rápidamente la sangre y los tejidos descartados, el pelo, la ropa, las cánulas… los restos de la muerte… todo quitado del medio… para ser preparado nuevamente, para que todo se repita.

Más de 100 casos llegaron a Shifa en las últimas 24 horas. Ya bastante para un gran hospital bien entrenado y equipado con todo lo necesario, pero aquí… casi no hay nada. No hay electricidad, ni agua, ni materiales desechables, ni medicamentos, ni mesas de operación, ni instrumentos, ni monitores… es como si todo hubiera sido sacado de museos de hospitales del pasado.

Pero estos héroes no se quejan.
Ponen manos a la obra, como guerreros, de frente, inmensamente resueltos.
Y mientras les escribo estas palabras, solo, en una cama, derramo lágrimas, cálidas pero inútiles lágrimas de dolor y de pena, de enojo y de miedo.

¡Esto no puede estar pasando!
Y entonces, justo ahora, la orquesta de la máquina de guerra israelí comienza de nuevo su espantosa sinfonía: salvas de artillería desde los barcos de la marina en la costa, los rugientes F16, los drones enfermantes (los “zennanis” árabes), los hummers y los molestos Apaches.

Todo, demasiado, hecho y pagado por los Estados Unidos.
Señor Obama: ¿tiene usted corazón?
Yo lo invito: pase una noche, sólo una noche con nosotros en Shifa.
Tal vez disfrazado de limpiador.

Estoy 100 por ciento convencido de que cambiaría la historia.
Nadie con corazón y –además– con poder, podría marcharse de una noche en Shifa sin la decisión de ponerle fin a la masacre del pueblo palestino.

Pero los crueles y despiadados han hecho sus cálculos y han planeado otro ataque sobre Gaza. 
Los ríos de sangre van a seguir corriendo la próxima noche. Puedo escuchar que han afinado sus instrumentos de muerte.

Por favor , Hagan lo que puedan !
Esto, ESTO no puede continuar.

Mads Gilbert. MD PhD

miércoles, 5 de marzo de 2014

Tu antorcha encendida...

Tu antorcha encendidaEl camino parece ya largo y pesado… no sabes más hacia dónde continuar. Lo único que te impulsa es esa obstinada, incesante búsqueda de luz. De tanto buscarla y anhelarla, te vas convirtiendo en ella, aunque parezcas no advertirlo. Sin embargo, tus acciones, más que tus palabras, son prueba de ello.

Hay en tu actitud, determinación… empeño… entereza. Espíritu indomable a pesar de los avatares del camino. Sin percibirlo, has comenzado a reflejar una luz que, por endeble que sea aún, comienza a iluminar el sendero de otros peregrinos.

La intuición te dice que algo no sólo va a suceder, sino que ya está sucediendo. No tienes pruebas palpables de ello, tus ojos físicos no te han dado señales. Las señales te están llegando más bien por el corazón.

Te das cuenta que, por fortuna, los seres se sacuden ya el adormecimiento de años y siglos. Comienzan a zafarse, a liberarse de sus cadenas físicas: “status social”, títulos, doctorados, el culto a la “belleza física”, etc., etc.

Poco a poco el ser espiritual se va liberando de esas capas de ropajes superfluos que le cubren, para dejar aflorar su real y verdadera vestimenta espiritual. Un vestuario hecho de luz. Más ligero, menos denso, porque se está liberando igualmente de las humanas flaquezas: melancolía, tristeza, ambición, rencor, odio…

Van desapareciendo viejos conceptos. La belleza no es ya física. Belleza son actos de bondad y hermandad con el prójimo. Belleza es guardar silencio para escuchar al afligido. Belleza es celebrar el triunfo ajeno… Porque belleza es verse y verte reflejado en todo y con todos los demás.

Hacia allá vamos. Aún hay tropiezos. Aún nubes grises se atraviesan en el horizonte. Pero no podemos detener la marcha. La antorcha necesita seguir encendida. No más imposiciones del ego. No más luchas por destacar por sobre los demás, en este mundo material.

La competencia actual es la competencia consigo mismo. ¿Fuimos más pacientes hoy que ayer con quienes se cruzaron en nuestro camino? ¿Nos reímos más fácilmente de nuestras propias fallas hoy que ayer? ¿Nos dejamos caer un poco menos en la pesadumbre, en comparación con el ayer? ¿Pudimos ver hoy menos claroscuros que ayer?

Sólo de esa manera sabemos que vamos por buen camino. Ya no es necesario tanto aprendizaje ni tanta lectura externa. Nosotros mismos somos ese libro abierto sobre el que se va escribiendo día a día la historia de nuestra evolución, de nuestro despertar, de nuestra “ascensión”.

La auto observación es nuestra brújula. No criticar. No juzgar… son sólo debilidades y oscuridades del ego. Son ropajes que nos quedan ya obsoletos. El espíritu no juzga, acepta. El espíritu no separa, une. El espíritu no esclaviza, libera. El espíritu simplemente ES. No se compara ni se amilana. Se sabe amor y se dedica a prodigarse.

El espíritu se viste de libertad. ¡El ropaje que siempre quisiste portar! Y cada día te sienta mejor. ¿Puedes sentirlo? Nada de horarios, fuera relojes, compromisos y “stablishments” tridimensionales. En el espíritu la libertad se vive y se palpa plenamente.

Estando ahí, en sus dominios, te descubres como montaña de fortaleza… río de luz…. lucero de esperanza… sendero de quietud…valle de tranquilidad… Porque eso es lo que eres. No ceses. La flama de tu antorcha podrá flaquear ante vientos contrarios. Mas nunca podrá extinguirse.

Continúa avivando la llama. Que cada día refulja más. Que cada día su luz palpite más intensa. Es la certeza del retorno a casa lo que te mantiene en pie. Y con un sólo peregrino que venga animado por tu luz, existe motivo suficiente para seguir adelante.

Recuérdalo, tu flama viene ya iluminando sendas. Y tú a la vez cobras fuerza por las antorchas de quienes van delante en el sendero. Todo este proceso es una interminable cadena de dar y recibir. Una infinita cadena de luz. Ningún eslabón debe flaquear. Continúa en pie.

No reconozcas cansancios, ni fatigas, ni desánimos. La luz de la gran liberación está delante de ti. Confía. Ellos te guían. Tus ángeles y Seres de Luz. Olvida desasosiegos e incertidumbres. Tu camino sigue iluminado, porque tú mismo eres esa luz.

No te rindas. Hoy menos que nunca. No lo olvides: tu verdadero campo de batalla está dentro de ti mismo. Saliendo airoso de ahí, habrás vencido en el más significativo de los combates: la conquista de tu yo interior. La reconquista de tu reino, tus verdaderos dominios: la Luz.

Sigue, hermano, compañero de ruta, ¡continúa portando en alto tu antorcha encendida!…

Elvira G.